viernes, 22 de julio de 2011

Café y cigarro

No me tengo que olvidar. Debo recordarlo cada día. Agradecerlo. Estos momentos siempre son especiales. Suena Reggea. Dosifico justamente las caladas con los pequeños buches de café. Me gusta acabar el cigarro y que me quede el último sorbito. Cuando no me queda, me vienen metáforas de vacío y frustración. Mis continuas ganas de más, con los años mejor llevadas.

No debo olvidarme ninguna mañana. Esta especie de oración de agradecimiento. Las sensaciones en cuanto pongo un pie de nuevo en la tierra. Resurrección cotidiana y querida. La energía que siento es solar, limpia, tierna, lenta, dulce, infantil y grande. Sentir aquello de hoy es un nuevo día. Pasar para adentro la vida, sin salir  ni de casa ni de mí. Escribirlo así, con esta sonrisa pequeña y convencida. El vaticinio de un buen día.

Claro que el tiempo vuela y huye...tan y tan rápido... pero lo agarro con suavidad, sin pretender retenerlo; llenando los segundos de presencia. Me gusta conducir en modo manual. Ir olvidando poco a poco el piloto automático. Sin recordar y sin desear. Acariciar lo que tengo, lo que toco y respiro. Esta piel me lleva y me detiene al tiempo. El principio, los sentidos...las yemas de mis dedos sobre las teclas, la espalda recordándome mi mala postura en la silla, mi sistema digestivo en la recta final, los restos del olor y el sabor fuerte de café y cigarro, la música en modo aleatorio, las plantas de mis pies, el movimiento de las piernas, el fresco de la mañana....

Llega la llamada que esperaba. Nos reímos. Te espero en casa y nos vamos a la cala. Si el viento no lo consigue, le ayudaremos a que hoy sea un día de sol. Aunque me gusta estar en la mar los días nublados. Mirar al sol directamente y ver el movimiento de las nubes, jugar con ellas y moverlas. 

Al final sale todo, con mucho esfuerzo o como ahora: sin forzar nada. Lo que no fluye es mentira, miedo y estanque. Cuanto más yo, más tú. La evidencia de esta vocación minera: el trabajo del picapedrero.

Ayer volví a ver a mi niña rubia. Me sigue sorprendiendo el rollo que llevamos y que se mantiene. Bajo tu interés se esconde el mío. Me viene muy bien. Me encantó que tuviéseis una perfecta escala por acá. Fue genial volverte a ver. Conocer a Miryam y Bruno, mamá y pibe son relindos. Yo también espero que me cuadre este invierno volver a escaparme a tu isla que tanto me gusta cuando aquí hace frío.

Y tú no corras morena... déjame saborear todo esto y hacer a mi ritmo antes de cruzar esa puerta.

4 comentarios:

eloy dijo...

Qué buen rollo desprende tu escrito! Si hasta da envidia! Sigue así de bien.
Abrazos de mediterráneo gris

Calipso dijo...

;) a mi también me gusta el mar en los días nublados

trovador errante dijo...

¿Y cuando vienes a verlo conmigo pelirroja?

Anónimo dijo...

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