domingo, 2 de noviembre de 2008

Domingos por a tarde

En la calle hace viento y fresco ya. Mi padre me explicaba paseando a Luna la diferencia entre aire y viento, él es de ciencias. En casa hace calor, o yo tengo calor, me tuve que arrancar la bata de cuadros, desnudo se escribe mejor. Me regalé para esta tarde algunos vasos, no demasiados, de buen rioja. Después de la borrachera de anoche, de sábado de 24 horas, toca volver a la realidad.

A esa sin llamadas y sin planes, sin esos mails, sin comentarios, y con fiebre de escribir. Hoy no vino Boris. Gracias a dios, una mujer demoró su visita. Me voy a servir otro vaso de vino, a su salud, lo levanto y brindo por él. Tengo esa costumbre, brindo solo.

Ayer fue día de campeonato, de madrugar mucho, de responsabilidad, de furgo, de risas, de polideportivo, de disfrutar de la familia más extensa que tengo, de muchos saludos. Y noche de soltar todo y largarse, haciendo honor al título del blog y a Silvio que sigue sonando.

Ya volví, toca volver siempre. Me hizo salir de la cama Eva, aunque ya perreaba sin mirar el reloj, pero con la intención de decirle "sí, vengo a comer". Siempre que puedo, respeto las tradiciones, mis tradiciones.

Los domingos son de paella de mamá. Siempre los espero como bálsamo. Otro placer del otoño es volver a darle al agua bien caliente en la ducha, y sentirla, cantando Tu frialdad, hoy también se la susurré a Laurita. A esta niña le gusta que la cante.

Subo a avisar al yayo, está preocupado, ayer perdió el bastón del bisabuelo Pablo (el abuelo de mi papá), aquel con la cabeza nacarada de un galgo. Recordé su lamento infantil cuando un negro 20 de noviembre (coincidencias de la vida), atropellaron a Teddy mientras lo paseaba. Brindo por mi pequeño amigo, aquel loco perrillo de la calle, que me llevé entre lágrimas con una manta de cuadros roja a enterrarlo en Olesa, en casa del abuelo -y por la oración que le dediqué fumándome una nube ante su pequeña tumba rodeada de piedras blancas-.

Parece ser que el bastón cambió después de muchos años de familia. Espero que a su nueva familia de acogida les haga bien, aunque quizás no hubiese estado mal devolverlo. El yayo Ramón, subiendo las escaleras del parking, me decía: "si me hiciese falta de verdad, no lo habría olvidado".

Hoy no había paella, mi hermanita nos regaló unos solomillos. Y mira vos, que ayer, mi mamá y yo tuvimos la misma apetencia visionaria: "solomillo", fue divertido compartirlo al llegar en la cocina. Siempre abro todas las ollas en cuanto llego. El mío era al roquefort, pero la vida no es perfecta. Una excesivamente suave salsa de manchego hizo las veces. Hay cosas que nunca se comparten, como mi receta de la salsa roquefort.

Esa mesa de domingo es entrañable. Me siento bien estando todos cerca y que nuestros pies disten tan poco los unos de los otros. De Luna y su linda carita entre el codo de mi abuelo y la mesa, encajada en mirada suplicante (nadie sabe poner mejor que los perros esos ojillos). De Aina y su evolución en la mesa -se ponga dónde se ponga siempre está en el centro -, y de Laurita en el Baby Born que le regalé (-amos) a Aina reclamando monerías cada vez más dulcemente ruidosa. Y mira, debe ser noviembre, pero también recuerdo -asaltándome sutilmente-, cuando ella estaba en la misma mesa.

Y los domingos por la tarde se empieza pensar en lunes, en facturas pendientes de cobro, en trabajo, en la realidad muy real que siempre me decía Mari Pili en el Vedado. Cuba se merece otra entrada, Ruben, no dejéis de escaparos cuando podáis. Yo hice un viaje de esos que decías sin pulserita. Y ya que estamos, quiero un Romper a Rompar regalado y dedicado.

Y me llevé el oro líquido de la vieja, la crema de calabacín. Desde dentro de la nevera me está llamando. Los boles verdes temblequetean ansiosos en la pica. Ya les escuché y requetecalenté la crema que hace juego con el bol.

Extraño respuestas los fines de semana. Y un mail de Gaby, de la capi, de Stefania, de Eva, de Sonia, de que Lara se siente en su escritorio, de Marta sin peros, de Ire que me dice que viene a verme, de los amores del Fromm -o también véase la cena del viernes próximo, que Gemma llegue a casa con Nil y nos lo cuente, del cine pendiente con Arantxa...-y hasta extraño extrañarte.

Anoche fuí poeta, pero que sería del poeta sin prosa.

6 comentarios:

Enana. dijo...

Es agradable despertarse sintiendo la empatía de alguien (casi tanto como hacerlo el domingo sabiendo que hay paella)

Gracias por leer, gracias por traerme.
Leído lo leído, tenemos mucho en común. La necesidad violar en versos los papeles, el azul y, sobre todo, a Neruda.

Vine a decirte que, a veces, hay que romperse por dentro, que estamos tan llenos de cemento que de la única forma que entra otra persona en nuestras vidas es rompiéndonos.

Ya sabes:
"Libértame de mí. Quiero salir de mi alma."

Te dejo un beso.

Trovador errante dijo...

Es cierto enana, tenemos mucho en común, cuanto más te leo más me doy cuenta.

Pero nos separa lo que nos unió, el amor.

Y leerte es recordar y andar con pensamientos con los que ya no ando. Y como inmiscuirme en una historia y sus preciosos relatos y poemas.

Hay ganas de escribir enamorado, y que el cemento se vuelva arcilla.

No recuerdo ese poema, citameló por favor

Guardo tu beso y te envío agua

Anónimo dijo...

"Hay ganas de escribir enamorado, y que el cemento se vuelva arcilla"

No. A mi me gusta como escribes, porque escribes desde tu realidad.
A ti ya no te queda cemento, lo has roto tu solo.
Y puede que el de otros tambien...

Un abrazo
p.v

Trovador errante dijo...

Es cierto, no me queda cemento.

Me quedan muchas cosas buenas guardadas dentro, pero no cemento.

Y si puedo ayudar a diluir encantado, es vocación.

Gracias por tus lindas palabras P.V.

Premio consuelo para Lucía Folino dijo...

eu, qué bien escribe usted, don errante.

Congratulaciones.

Trovador errante dijo...

Viniendo de vos, profesora Lu, es todo un honor su comentario.

Le escribiré para ver como hay que hacer para subscribirse a su revista, si es posible.

Un abrazo sin 11.000 km. que lo separen